Articles and Essays by Mark Engler
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    Cosecha otoñal del activismo

    Justamente cuando necesitamos buenas noticias los que estamos preocupados por la justicia social y económica podemos ver como nuestros esfuerzos fructifican.

    Algunas personas creen que los movimientos sociales suceden a consecuencia del sufrimiento, que las comunidades sólo comienzan a defenderse cuando las cosas están realmente mal. Es una idea atrayente en tiempos difíciles. Sin embargo, históricamente el temor ha sido un mal motor para la solidaridad. El progreso y el optimismo van de la mano. Cuando la gente tiene esperanza en el futuro se inclinan a exigir un cambio positivo.

    Pero si la teoría del sufrimiento está equivocada, también lo está la creencia de que el activismo muere cuando la situación empeora. Pocos progresistas dudan de que los últimos dos años hayan sido de los políticamente más difíciles. No obstante, miembros de sindicatos, activistas en contra de la globalización, defensores de los derechos de los inmigrantes y grupos anteguerra han perseverado. Este otoño, justamente cuando necesitamos buenas noticias, los que nos preocupamos por la justicia social y económica podemos ver como un número extraordinario de nuestros esfuerzos fructifican.

    En septiembre el movimiento sindical obtuvo una victoria significativa en la Universidad de Yale, el gigante de la Ivy League, que tiene el peor registro de relaciones laborales en todo el mundo académico. Los trabajadores de oficina, mantenimiento y servicios de la universidad fueron a la huelga en agosto pasado para protestar por los salarios y pensiones de miseria. El apoyo comunitario aumentó cuando seis jubilados de Yale regresaron a su antiguo lugar de trabajo para escenificar una protesta sentada de 29 horas en la Oficina de Inversiones de la Universidad. Como apoyo, miembros del claustro sacaron más de 300 clases del campus y respetaron los piquetes de protesta. Finalmente, en un mitin de solidaridad el 13 de septiembre, John Sweeney, Presidente de la AFL-CIO, fue arrestado en un acto de desobediencia civil junto con unos 150 líderes sindicales, estudiantes, huelguistas y activistas comunitarios de Nueva Haven.

    Dio resultado. Después de tres semanas de huelga, los sindicatos de Yale llegaron a un acuerdo con la universidad que para los custodios significa un aumento salarial de 32,3 por ciento durante el contrato de ocho años. Los empleados de oficina recibirán aumentos aún mayores, y las patéticas pensiones de los trabajadores a largo plazo de ambos sindicatos crecerán en casi el doble.

    El movimiento global de justicia también ha obtenido últimamente logros impresionantes. Los que creen que el movimiento ha desaparecido tendrían que hacerse los ciegos para no ver a más de 100 000 activistas franceses reunidos en agosto para un mitin de tres días en la meseta Larzac. Estas personas combinaron sus expresiones de preocupación internacional con el planeamiento de una campaña en contra de la rebaja de salarios en los servicios públicos.

    Esto fue un mero preludio a Cancún, donde las protestas fortalecieron la resistencia ante una fortalecida Organización Mundial del Comercio. Los que siguen las negociaciones acerca del comercio ya sabían que el ferviente unilateralismo del Presidente Bush define hasta su visión de la economía global, y que tan la rigidez norteamericana probablemente hubiera provocado el colapso de las negociaciones de Cancún. Pero la resistencia explicita de parte de la sociedad civil ayudó a los países más pobres a defender sus intereses con nueva fuerza.

    En este caso fue significativa la formación del Grupo de los 22 de los países en desarrollo, los cuales representan más de la mitad de la población mundial. Con el gobierno progresista de Brasil como uno de sus líderes, este bloque tiene el potencial para reformar las futuras conversaciones acerca del comercio de manera que moleste tanto a los directores generales de las multinacionales como a los nacionalistas de Bush. Siga las noticias de las próximas negociaciones del rea de Libre Comercio de las Américas, señaladas para noviembre en Miami, donde continuará la lucha en contra de la destructiva economía neoliberal.

    En un tercer éxito, activistas en la ciudad de Nueva York presionaron al alcalde Michael Bloomberg para que revocara una posición que hubiera puesto en peligro las comunidades de inmigrantes. En mayo pasado Bloomberg revisó una vieja política que prohibía a los empleados municipales que reportaran a los inmigrantes indocumentados a las autoridades federales. Bajo la orden ejecutiva del alcalde, los ciudadanos no residentes hubieran tenido razón para temer denunciar crímenes a la policía y solicitar servicios de emergencia.

    Afortunadamente las protestas de grupos comunitarios y defensores legales persuadieron a Bloomberg a que renunciara a su posición y aprobara en su lugar la fuerte orientación de confidencialidad Acceso sin Temor promovida por miembros progresistas del Consejo de la ciudad. La nueva política no sólo garantiza el status de inmigrante de los neoyorquinos, sino también otra información personal, como su historia tributaria, orientación sexual y status de asistencia social. En una era de continua presión federal para convertir a los trabajadores de la ciudad en extensiones de la patrulla fronteriza, esta insistencia local en mantener las protecciones para los no ciudadanos representa un importante paso en la dirección opuesta.

    El Viaje por la Libertad de los Trabajadores Inmigrantes de este mes, que cruzó el país para promover la amnistía de los trabajadores indocumentados en Estados Unidos, dio un paso aún mayor: retar la cultura de Aschcroft de buscar chivos expiatorios y provocar el temor a reclamar los derechos de los inmigrantes.

    Lo que es importante en muchas de estas campañas es que muestran a activistas a la ofensiva. En vez de simplemente rechazar un nuevo ataque a las libertades civiles o un nuevo movimiento para reducir los impuestos de los ricos, los movimientos sociales están mostrando su visión y creatividad. Aunque a menudo nos dedicamos exclusivamente a denunciar las cosas que no deseamos, los activistas están brindando una voz a los cambios que sí queremos.

    Esto no significa que es malo derrotar a Bush. La decisión del Senado de rechazar los intentos de la Administración de relajar las reglas en contra de la monopolización corporativa de los medios ciertamente es una ganancia, así como su voto en contra de reducir el pago de tiempo extra para millones de trabajadores norteamericanos. Y sí, es gratificante ver que la tasa de aprobación del Presidente ha caído hasta sus niveles más bajos desde el 11/9.

    Pero aún en los días más negros de esta presidencia tan desconsoladora hay mejores cosas en la vida que las ansias políticas de Bush. En este otoño, mientras cosechamos lo que sembró el activismo, debiéramos dedicar algo de tiempo a apreciar los esfuerzos que han mantenido viva nuestra agenda. Y debiéramos aprender de ellos. Porque es la esperanza, después de todo, lo que cosechará las victorias de las temporadas venideras.

    Mark Engler, escritor que vive en la ciudad de Nueva York, puede ser contactado por medio del sitio web www.DemocracyUprising.com. Jason Rowe brindó asistencia en la investigación. Traducido por Progreso Semanal.

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