Articles and Essays by Mark Engler

    La compralipsis de fiestas del Reverendo Billy

    La crítica anti-corporativa de Bill Talen es en parte derechos de los trabajadores, en parte conservacionismo del petróleo y en parte estética.

    El Reverendo Billy está apoyado en el mostrador de un Starbucks en Northridge, California. Vestido de blanco y con cuello seglar, su pelo teñido de rubio y con gel, peinado hacia arriba en un estilo John Travolta, podría pasar por un verdadero religioso–hasta que abre la boca.

    “¡Están entrando a nuestros vecindarios como si fueran extraterrestres!”, dice en su voz altisonante de televangelista. Luego entona una letanía de pecados: “¡El contra-sindicalismo, la leche por ingeniería genética, la falsa bohemia!”

    Una gerente de tienda atraviesa el público y se arriesga a que le escupan la mano al tratar de tapar la boca al reverendo.

    “Pido al dios que no es un producto que por favor anule, neutralice esta caja registradora ahora”, grita él agarrando la máquina, “y que saque a patadas a este Starbucks del vecindario”.

    Una congregación de una docena de seguidores grita “¡Aleluya!” mientras que un ex-infante de Marina, que ha decidido actuar como guardia de seguridad de la tienda, se aferra a la chaqueta del reverendo.

    “¡Vamos, hijos! Se acabó Starbucks. ¡Amén y cambia-luya!”

    El Reverendo Billy, carismático líder de la Iglesia de Dejar de Comprar, es la creación del artista del performance y veterano del teatro de vanguardia de Nueva York Bill Talen. Su personaje parecido a Jimmy Swaggart puede estar basado en la parodia, pero Talen–quien se siente inspirado por ACT UP, las Muchachas Guerrilleras, Lenny Bruce y Abbie Hoffman–tiene una actitud ante su trabajo que es inusualmente seria. El reverendo es su enfoque principal durante todo el año; incluso se gana modestamente la vida por medio del personaje, dando conferencias y haciendo residencias con organizaciones de arte. Cuando su coro canta textos como “Así que es Navidad, dejemos ahora de comprar / La confianza del consumidor, sí, oh, sí, está decayendo”, muestra un canto bien ensayado. Y cuando Talen dice sus sermones de verdad se le enrojece el rostro y le corre el sudor.

    “Realmente estamos tratando de desentrañar la adicción del consumismo”, dice Talen. “¿Por qué compran de esta manera los norteamericanos?” Los anuncios nos convencen de que el consumismo en sí es democracia. Nos convencen de que es normal. Pero nosotros creemos que no tiene precedente”.

    La crítica anti-corporativa de Talen es en parte derechos de los trabajadores, en parte conservacionismo del petróleo y en parte estética. Él acusa a las grandes tiendas de explotación del trabajo. Pero más a menudo invoca una visión de “verdaderos vecindarios”, de un urbanismo al estilo de Jane Jacobs que ha sido destruido por la aristocratización, la publicidad y las franquicias. Él califica a Starbucks de “destructor de las viejas cafeterías”. En su libro del 2003, ¿Qué debo hacer si el Reverendo Billy entra en mi tienda?, Talen critica los espacios públicos donde las súper modelos aparecen en las vallas publicitarias, pero donde hay “cada vez menos espacio para las palabras humanas”.

    Parece improbable que muchos bebedores de latte se conviertan por presenciar las “intervenciones minoristas” de la Iglesia de Dejar de Comprar. El asombro es la respuesta habitual, y algunos clientes se ponen a la defensiva. Pero Talen asegura que otros agregan sus propios aleluyas y que él hasta ha visto aplaudir a algunos empleados. La casa central de Starbucks ha tomado nota: el título del libro de Talen aparece en un memorando distribuido a empleados inseguros de cómo responder a las acciones. (No hace falta decir que no recomienda aplaudir.) En una Tienda Disney en Times Square–otro objetivo favorito de la iglesia–un gerente trató una vez de advertir a miembros del grupo diciendo, aparentemente sin ironía: “Si no están comprando puedo hacer que los arresten”.

    Talen estima que él ha sido arrestado como el Reverendo Billy de 30 a 50 veces. Aunque generalmente lo dejan en libertad sin presentar acusación, en año pasado pasó tres días en un calabozo del condado de Los ángeles después de una manifestación post Día de Acción de Gracias. “Esa vez se me fue de las manos”, dice Talen. “Es un lugar muy, muy duro”.

    Ahora Talen sale a la carretera con 30 co-activistas y actores para la “Gira de la Compralipsis”, un viaje de un mes por todo el país que comenzó en Nueva York pocos días después del Día de Acción de Gracias y terminará con una celebración de Navidad anti-consumista el 25 de diciembre en Los ángeles. Él no ha anunciado la ruta exacta–para evitar advertir a la seguridad corporativa, pero hay acciones planeadas para Chicago, Minneapolis, y Dallas, así como en un grupo de ciudades más pequeñas en el camino.

    “Vamos a acercarnos a los que están haciendo sus compras de Navidad y decirles ‘Tienen que volver en sí. Tienen que despertar”, dice Talen. “No tiene sentido expresar el amor de esa manera”.

    ¿Tienen impacto esas acciones? Debido a que las protestas masivas con Starbucks como objetivo han sido escasas últimamente, es improbable que las ventas de la cadena sufran mucho a corto plazo debido a esas acciones. Por otra parte, WalMart, otro de los enemigos del Reverendo Billy, recientemente ha sufrido algunas derrotas. En especial sus esfuerzos por levantar tiendas en Queens, Nueva York, e Inglewood, California, un suburbio de Los Ángeles, han sido derrotados por una coalición de grupos comunitarios.

    “Desde las protestas en contra de la construcción de tiendas, pasando por ‘comida lenta’ al comercio justo, que está alcanzando fuerza realmente en Europa, la resistencia al consumismo está llegando de distintas maneras”, dice Talen.

    ¿Es Talen entonces un sacrílego irónico o es esa su propia forma de ser un verdadero creyente? A la pregunta de cuál es su religión, explica que él y sus seguidores están “tratando de poner las apuestas a favor de Dios”. Dice que siente que hay una relación con la sirena atrapada en el logotipo de Starbucks, una imagen inspirada en un grabado que tiene centenares de años, cuyos senos desnudos fueron borrados durante la expansión de la corporación. Talen exhorta a las clientes a “sacar su creyón rojo de labios y devolver sus pezones a esa diosa”.

    Sin embargo, justo cuando todo parece una broma, la pasión en su voz se aplaca y Talen toca un dilema al que muchos importantes teólogos se han enfrentado a medida que la temporada de fiesta se cosifica más: que en nuestro desenfreno por las compras de última hora, el centro comercial se convierte en su propia rutilante deidad.

    “Yo no creo en ese dios”, dice el Reverendo Billy.”¿Y usted?”

    Mark Engler, escritor que vive en la ciudad de Nueva York, puede ser contactado por medio del sitio web www.DemocracyUprising.com. Kate Griffiths colaboró en la investigación para este artículo. Traducido por Progreso Semanal.

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